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20 años en historias: Costa Esmeralda, ese sueño de playa y campo

RosatiPara explicar los 20 años de Eidico, no son suficientes los números, las estadísticas o las metas cumplidas. Es que detrás de cada logro hay decenas de historias personales que optaron por un proyecto que los ayudó a alcanzar su casa propia, lograr un objetivo financiero o cumplir un sueño. Contar esas historias es el objetivo de esta sección.

Costa Esmeralda, ese sueño de playa y campo

En la primera de una serie de historias sobre los veinte años de Eidico, María Pura Ricci de Rosati cuenta cómo y por qué eligieron este proyecto que ya es una opción de vida para su familia.  La familia se levanta a su ritmo, sin apuro. El primer objetivo es llegar a la playa, que aparecerá después de recorrer médanos y bosques. Lo que sigue es una mañana larga y natural en el parador, que se interrumpe a la hora del almuerzo para volver a su casa, descansar un poco y regresar al mar a eso de las 16. Para la tardecita, quedan los deportes y un rato de pileta, antes de un asado para cerrar el día.

La descripción de esa jornada, tan idílica como habitual, es de María Pura Rosati, que en el comienzo del año aniversario número veinte de Eidico cuenta su experiencia en Costa Esmeralda, un proyecto al que apostó con su familia desde la primera etapa. Pupa, como la llaman todos, reconoce que le costó enamorarse del proyecto. “Mi familia es de Madariaga y veraneé toda mi vida en Pinamar, donde también conocí a mi marido. El lugar nos era familiar, pero al principio no nos convencíamos”, relata.

Impulsados por una persona de confianza,  decidieron recurrir al sistema Eidico para adquirir el terreno, pero con la idea de construir mucho después. “Hasta que un verano, con obras muy avanzadas, fuimos a la casa de unos amigos y dijimos: ‘Esto es lo que buscábamos’”. En esos días en los que pudieron vivir en el lugar encontraron que ahí estaba “lo mejor de Pinamar” sumado a otras ventajas y un “estilo campestre” del que se enamoraron.

Costa Esmeralda es ahora algo más que una apuesta que eligieron a partir de la confianza en el sistema. “Se convirtió en un proyecto muy fuerte de nuestro matrimonio”, cuenta Pupa. “Nunca pensamos en Costa Esmeralda como una inversión. A nosotros nos gusta vivir los lugares, experimentar lo que pasa”, explica.

La vida que tomó el emprendimiento es tal, que los Rosati sueñan con residir en algún momento allá. “No es ahora pero la idea está. Por eso, de hecho, hicimos una casa como para vivir, con comodidades y la posibilidad de que podamos recibir a todos”, explica. Con ese camino ya recorrido, Pupa, que se reconoce local en Pinamar, dice que ya no extraña ese mítico punto de la costa argentina. “La verdad es que nos dimos cuenta de que nuestra vida en Pinamar era playa, jeep, asado, familia y amigos. Y eso lo tenemos en Costa Esmeralda”, describe. “Vivimos una vida muy tranquila. Encontramos bosque y campo, que es un sueño, y podemos descansar”, agrega. El eje familiar es fundamental: “para mis hijos, de 19, 17 y 13 años, encontré una opción que complementa el mar, la naturaleza y el deporte. Vienen a un lugar que es tranquilo y seguro”.

Las ventajas también son desde el estilo de vida. “Una de las cosas que pensé es que podíamos encontrarnos siempre con la misma gente. Pero en Costa Esmeralda podés elegir: estar en el parador, rodeado de amigos o estar tranquilo en tu casa, como en el campo”.

Para eso, la familia Rosati construyó sobre dos terrenos, al igual que cuando edificaron en Santa María de Tigre, la primera experiencia con Eidico. “La verdad es que siempre nos fue bien. Apostamos por el primer proyecto de la empresa y lo que parecía un delirio se convirtió en un proyecto espectacular”, recuerda sobre lo que sucedía hace poco menos de 20 años. Fue ese primer paso en Tigre el que los ayudó a decidirse por Costa Esmeralda, un lugar al que quieren ir cada vez más. “Creo que una de las principales ventajas es la cercanía con Buenos Aires. Podés venir todos los fines de semana y con dos días sentís que descansás una semana”, dice. Cualquier momento del año sirve para una “escapada” a la playa. “Nos encantó la cantidad de gente que nos encontramos en invierno”, destaca Pupa, que aunque con el frío no puede repetir la rutina que describía al principio, disfruta de las comidas del parador, del tenis y del golf, además de la vida en contacto con la naturaleza.

“Creo que no le falta nada. Me encanta que Costa Esmeralda tenga todavía ese lado campestre, rústico”, resalta Pupa mientras recuerda que cuando recién comenzaron con el proyecto sólo podían llegar a algunas zonas del barrio en jeep. “Veníamos y nos encantaban los médanos, el espacio abierto. Era difícil imaginarse lo que es hoy, con todas las comodidades”, termina.

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