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La clase media, lejos de su primera casa

Por Agustín Fernández Cronenbold

Entre los numerosos daños que la inflación produce en las actividades económicas en la Argentina, hay uno que golpea a la clase media y puede causar un fuerte impacto a largo plazo: la falta de acceso a la vivienda.
Con créditos hipotecarios para unos pocos y precios de propiedades por las nubes, el sueño del techo propio se diluye y aparecen fenómenos singulares como el boom de ventas de electrodomésticos o automóviles.
Desde ópticas distintas, especialistas consultados se introducen en una problemática compleja: el impacto estructural que vendrá detrás de una generación que observa de lejos su primera casa.
“El problema es que la situación inflacionaria hace que haya pocas alternativas para invertir el dinero y luego pensar en una vivienda. Con esto se favorece el consumo de electrodomésticos y de autos”, explica María Castiglioni, directora de CyT Asesores Económicos.
Los números revalidan la hipótesis. Según las cifras oficiales se vendieron 2,8 millones de nuevos televisores en 2010 y la proyección es parecida para este año. Las cifras de la Asociación de Fábricas de Automotores también asustan: se incorporaron a la calle 392 mil vehículos en el primer semestre y para el total del año proyectan llegar a un nuevo récord anual que alcance los 800 mil.
Mientras tanto, de acuerdo con la Cámara Inmobiliaria Argentina, sólo el 5% de las transacciones inmobiliarias en la ciudad de Buenos Aires se realizan con créditos hipotecarios, uno de los métodos convencionales que utiliza la clase media en todo el mundo para llegar a su primera vivienda.
Para Ernesto O’Connor, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina, el problema no es estrictamente coyuntural. “El consumo viene reemplazando a la inversión en los últimos años, y la política económica ha tenido mucho que ver. Las principales causas son la alta inflación real que hay desde 2008 y las limitadas opciones de inversiones financieras para el ahorrista común”, desarrolla.
“Así, la gente que puede ahorrar no lo hace y prima la idea de `felicidad` presente. Se posterga la inversión y muchas familias sólo poseen bienes de consumo desvalorizados”, señala O´Connor.
Aldo Abram, director de la fundación Libertad y Progreso y del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina, advierte que “la carencia de viviendas tiende a profundizarse porque no hay voluntad de combatir a la inflación”. “Antes la forma usual de ahorro era reservar dinero para construir una vivienda. Nuestros abuelos llegaban y al tiempo podían hacerse una”, rememora.
“La falta de acceso al techo propio hace a la dignidad y tiene un fuerte impacto en la cultura. Se destruyen sueños y el valor del esfuerzo: la próxima generación tiene como ejemplo una visión cortoplacista que no tiene un objetivo por el cual romperse el lomo”, denuncia.
En definitiva, sostiene Abram, “las sociedades progresan cuando hay futuro”. Una mirada que parece difícil en la actualidad: “Con este sistema lo que se incentiva es el hoy, no el progreso”.
Algunas de las consecuencias culturales del fenómeno ya se empiezan a notar, pero el horizonte un poco más lejano es lo que más preocupa a muchos de los especialistas. “La situación afecta especialmente a los jóvenes y hace que las personas se sientan inseguras. Además, convierte el futuro de una familia en algo más imprevisible. No hay créditos, y menos a largo plazo”, analiza Manuel Solanet, presidente de la consultora Infupa.
Desde una óptica más sociológica, Fausto Spotorno, economista y jefe de research en Orlando J. Ferreres y Asociados, aporta su visión: “Lo que pasa también es que hay más demanda de gente que vive sola. Hace 30 años en la casa vivían los hijos hasta que se casaban y las abuelas. Hoy ya no sucede lo mismo y en las viviendas viven menos personas”.
Los problemas habitacionales, asegura, no son necesariamente recientes, pero adquieren nuevos matices. “En la Argentina históricamente siempre hubo poco crédito porque vivimos muchos procesos inflacionarios. Con Buenos Aires y los alrededores lo que empieza a pasar es lo que sucede en las grandes ciudades del mundo, con precios muy altos y una gran porción de la gente que alquila”, explica.
Castiglioni, de CyT Asesores Económicos, pide un cambio radical para modificar la ecuación. “Uno de los causantes de los elevados precios de los inmuebles es que los ladrillos son considerados una de las pocas inversiones confiables. La única manera de revertirlo es que haya crecimiento con menos inflación”.
Y termina: “Con una escalada de precios menos pronunciada habrá incentivos para el ahorro, mientras que la mejora de las variables económicas generará una diversificación de las inversiones que ayude a que los precios no sigan subiendo. Que la gente joven no pueda acceder a una casa significa una claro retroceso como país”.

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